
«Venís de parte de un ladrón». Alguien se acercó y se lo dijo cerca del oído en cuanto pagaron al taxista. Fue la primera frase que escucharon. De cerca. Entre los móviles de los que esperaban junto a la puerta de la Facultad ya circulaba la foto de Francisco Escat. «Es ese...». Con el rostro ya conocido de Horst Weber a su lado no quedó ninguna duda. «Fuera, fuera, fuera de aquí». Un joven se interpuso en su camino y el abogado sólo acertó a decir «somos unos profesionales» y «no me toques» entre insultos y un leve zarandeo. A partir de ahí, sus pasos fueron hacia atrás. A Horst le temblaban las manos y, en ocasiones, levantó los brazos. Como disculpándose. El grupo de seguidores que trataba de impedir su entrada les puso lejos, en la otra acera y rodeados por las cámaras y los fotógrafos. «Si nos hemos ido ya...», le dijo al último en acercarse cuando estaban ya a muchos metros de la puerta. «Si entráis, no salís». Para entonces, -entre gritos de «habéis hundido Cantabria»- ya llevaba el móvil en la mano. «Yo le pediría por favor que mandaran ustedes efectivos que permitieran que pudiéramos acceder». Poco minutos después apareció la Policía Nacional. Con ellos, volvieron a acercarse a la puerta. Unas cuarenta personas habían formado un tapón con una cadena humana en la primera fila. «El club es nuestro, sinvergüenzas». Después, una canción: «Porque un día este equipo será grande y Pernía lo verá desde la cárcel». El pasillo de la Facultad, silencioso los domingos, se llenó de gritos y carreras. Entre aficionados y agentes a la carrera (fue uno el que lo empujó) tiraron todos los paneles informativos que encontraron a su paso. El miedo en el rostro del abogado alemán era palpable. Y, para añadirle más dramatismo a una escena de alta tensión, la luz del hall de acceso al salón principal estaba estropeada. Insultos a oscuras hasta que alcanzaron su sitio, en una esquina. «Diles que se vayan, diles que se vayan...».
Esa fue la secuencia. La de la llegada de los representantes de Alí Syed a la Junta. Aparecieron a las 9.20 y no tomaron asiento hasta casi las 10. Más de media hora de enorme tensión. Se veía venir. Las redes sociales habían echado humo la noche antes. Nombres de posibles consejeros, de abogados, listas, quedadas improvisadas... El resquemor era palpable y a primera hora de la mañana estaba en estado de efervescencia. «Yo no tengo nada que ver, vengo a otra cosa», dijo un joven con maletín que llegó unos minutos antes que los representantes de Syed. Todos le miraban de reojo y el ambiente no estaba para bromas.
La Policía estaba citada a las diez de la mañana y la llegada de los verdaderos 'embajadores' se adelantó ligeramente a sus cálculos. Por eso, en su primer intento estuvieron solos y no les fue posible el acceso. Esas fueron las imágenes que salieron en los telediarios a la hora de comer. Esas y las del acceso definitivo en el segundo intento.
Ya dentro
Ya en la sala, antes del inicio 'oficial', nervios a flor de piel y los agentes como 'invitados' a la Junta. Escolta para las dos personas que representaban casi un 99% del accionariado. Al fondo del salón y sin nadie sentado en las butacas que rodeaban las suyas. Ante tanta discordia, cuando uno de los administradores se acercó a Weber y Escat para presentarse, tuvo que saludar dos veces antes de que levantaran la cabeza para mirarle.
A partir de ahí, llamamientos a la calma. «Dentro nada, dentro nada», habían gritado algunos cerca de la puerta. «Tiene que salir un Consejo», se escuchaba en los corrillos. Pero fue Bernardo Colsa el encargado de tomar la palabra y rebajar la dosis de tensión. «Somos del Racing. Por favor os lo pido. De aquí tiene que salir un Consejo. Estemos tranquilos y respetemos a todas las personas. Hoy es una Junta decisiva. A partir de mañana empieza otra historia...». Le siguió Javier Noriega: «Vamos a presentar un Consejo de todo el racinguismo...». Hubo aplausos para ambos y un poco de calma.
Precisamente Noriega -junto a José Antonio Sánchez, 'Tino', otro de los protagonistas de los últimos días- se dirigió a los dos abogados para comprobar su documentación. Luego Colsa. «Me han dicho que vienen con la orden de formar un Consejo e ir mañana o pasado a inscribirlo. Les he pedido disculpas por todo lo sucedido y les he dicho que intentaremos que no ocurra nada». Estaba rodeado de curiosos que esperaban saber qué tenían que decir los enviados de Alí. «Escat me ha dicho que hasta el lunes no tuvo conocimiento de todo esto».
Con los ánimos más templados dio tiempo a levantar la cabeza. La sala estaba abarrotada. Nada que ver con aquellas Juntas a las que sólo asistían una docena de pequeños accionistas. «Les pido dos minutos», intervino Alejandro Alvargonzález desde la mesa presidencial. Fueron algunos más porque, pasadas las diez y media, aún seguían acreditándose. En ese intervalo, las bufandas de 'Fuera chorizos' y la pancarta del socio número seis del Racing -en eso insistió en varias ocasiones-: «Ni indios, ni políticos... Sólo dignidad».
Aplausos y pitos
Luego, trámites y votaciones. Algunos miembros de AUPA ya habían comunicado su intención de levantarse y abandonar la sala en cuanto saliera elegido el Consejo de Alí Syed. Fue una idea de Jesús García, uno de los que no se ha perdido una Asamblea en los últimos años y famoso en estos actos por sus preguntas a Francisco Pernía. Mostrar disconformidad y, a la vez, evitar cualquier enfrentamiento dentro de la sala. Esa era la intención. Muchos de los que habían votado a favor de la segunda opción (todos menos dos en la sala, al margen de contadas abstenciones) apostaron por ello. Sólo tuvieron que darse la vuelta para dar a la espalda a los nuevos dirigentes del Racing (aunque ninguno estaba en la sala, salvo el propio Horst).
Entre los que quedaron, más de uno se acercó a la pareja de letrados (rodeados en todo momento por la Policía). Uno para tratar de regalarles la camiseta blanca con las caras de Pernía y Alí y el lema de 'Fuera chorizos' en letras negras. No la aceptaron. El socio número seis, otra vez, para decirles llorando que no siguieran adelante con su plan. Y hasta en francés, y muy educadamente, dos seguidores le preguntaron a Weber por qué no explicaba sus intenciones. Ahí terminó todo. Al menos, en lo referente al acto legal de la Junta Extraordinaria.
Quedaba el desenlace en forma de salida. Weber y Escat hablaron con los medios mientras miraban de reojo al grupo que estaba más allá de la puerta. Ahora sí funcionaba la luz en el hall. Se formó el cordón e iniciaron la marcha. Bernardo Colsa (dijo que se lo pidió la Policía) acompañó a los abogados mientras se marchaban para evitar problemas. Insultos, algún salivazo, agua... Los agentes, acompañados por el personal de seguridad de la propia Universidad, cambiaron la ruta. Les bajaron por las escaleras y acabaron en el aparcamiento de la Facultad. La última estampa de la mañana, de la Junta de la que salió el nuevo Consejo de Administración, fue la de Francisco Escat y Horst Weber (uno de los consejeros que regirá el destino del club) subidos en un furgón policial.
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